Cedan el paso, por favor

La situación trascurre una plácida tarde de verano para los subsaharianos, tórrida donde las haya para los protagonistas, que para evitar deshidratarse por completo por las desérticas (de autóctonos) calles de Barcelona consideraron una buena práctica sumergirse en las aguas de una piscina, de agua pocha, todo sea dicho.

En esta discoteca para hongos, existen cuatro normas sencillas y muy básicas. El usuario debe acicalarse para la ocasión con un bañador, traje de baño, bikini, trikini y las posibles variedades que un servidor desconoce; no debe llevar calzado de calle (allá él o ella si quiere ir descalzo); es de obligado cumplimiento una ducha previa antes de la inmersión, y por último debe asegurarse de hacer uso de las instalaciones de la manera más cívica posible, respetando el código de circulación existente en este tipo de instalaciones lúdico-deportivas y sin entorpecer al resto de usuarios.

Como el ser humano es tan capaz de protagonizar evoluciones extraordinarias al largo de los siglos como de involucionar, ir hacia atrás como los cangrejos, perder valores y conocimientos ya adquiridos –cosa que un animal nunca consentiría-; huelga decir que para clamar por el bienestar y el buen uso de las instalaciones, éstas cuentan con carteles informativos con las normas arriba mencionadas, acompañadas de señales de fácil comprensión, no vaya a ser que se presenten a la piscina analfabetos, miopes, personas de edad avanzada, poligoneros u otras especies con problemas para la lectura a nivel de primaria.

Para no explayarme más, remataré resumiendo que el lugar de los hechos es una piscina normal y corriente, con seis carriles de 25 metros de largo, agua dulce (con sus especies) y fabricada con fines lúdico-deportivos. Dicho lo cual, aquello que me disponía a comentar, denunciar, explicar, era lo siguiente.

Niño de unos cinco años de edad se acerca a la piscina, acompañado por la que parece su madre, acicalado con las prendas adecuadas para la práctica acuática y de pronto pregunta: Mamá, ¿porqué pone en un cartel ‘Rápido’ y en otro ‘Lento’? Alabado sea Leviatán, no soy el único que aprecia esas indicaciones, me susurro. Pues porque hay gente que no sabe tanto nadar y para no molestar a los que van más rápido nadan por ahí, hijo.

Moraleja, o implosión del autor. Si un bendito curioso niño de cinco años es capaz de asumir este sencillo concepto, no entiendo porqué tú, que haces la declaración de la renta cada doce meses y haces malabares económicos para llegar a fin de mes, no alcanzas a comprenderlo. Cede el paso, haz el favor.

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