Pellizcos de vida

Lo mejor que puedo regalarme a mí mismo para este nuevo año es darle continuidad a mis proyectos. Así como se salpimienta hasta el bocado más sabroso, he conseguido en 2013 sazonar mi rutina con ese toque que la hace diferente, distinguida, memorable. En muchas ocasiones, con pellizcos de vida que pueden llegar a considerarse insignificantes para muchos; para mí, razones suficientes como para pisar cada mañana primero con el pie derecho.

Pero sería un necio si me evadiera de ese margen de mejora en el que siempre debe fijarse un ambicioso optimista, en el sentido menos materialista de la palabra si se me permite. Porque no creo que la felicidad deba ser alcanzada; el objetivo no es cazarla, sino acompañarla. No es volver a empezar cada cierto tiempo, ni retomar la marcha tras un breve descanso; es más bien regular el paso y no frenar nunca. El sin prisa pero sin pausa de toda la vida.

Son aquellas pequeñas cosas, como reza la canción, a las que quiero seguir dándole importancia durante este 2014. Destellos de vida hasta en lo más insignificante.

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RM85

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