Cosas pendientes

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El día solo tiene 24 horas pero son insuficientes. Descansar es tan de cobardes como necesario y placentero, y trabajar por necesidad tan tedioso como esclavo para seguir existiendo. Así que las cuentas no salen a favor de una bolsa de horas a las que poder dedicarse, sin distracciones, a todo lo que a uno le gustaría.

Claro está, este blog es un ejemplo de los múltiples sacrificios a los que obliga el límite del tiempo. Una vez más, me niego a cometer asesinato y he decidido insuflarle un último aliento a este pobre moribundo. Que palpite a un ritmo más o menos estable dependerá de muchas cosas, y al primero que no quiero engañar es a mí mismo. Pero hace demasiado tiempo que lo tenía en la lista de cosas pendientes, y por algo se empieza.

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