Las elecciones de Catalunya, a examen

Comparativa de los resultados de las elecciones al Parlament de Catalunya de 2012 y 2010. Clic para ampliar.
© Generalitat de Catalunya

Es evidente que no soy un erudito de la política ni lo pretendo, pero después de los resultados de las elecciones al Parlament de Catalunya 2012 a uno le quedan ganas de escribir cuatro cosas. Aunque solo sea por alargar la “fiesta de la democracia” algunas horas más.

Para empezar, quisiera destacar algo que al menos a mí me sigue pareciendo algo en lo que pararse a pensar en pleno siglo XXI. Todos los representantes políticos coincidieron en una cosa anoche, congratulándose y felicitando a la población por el casi 70% de participación en estas elecciones. Bien, pues yo quisiera matizar que, aunque ha sido el mayor índice de participación de unas elecciones autonómicas en Catalunya, sigue habiendo un 30% de votantes que no han ejercido su derecho, por unos motivos u otros. Como derecho, lógicamente, es una opción y no una obligación. Sin embargo, que 1.600.510 personas (qué curiosidad, por cifras similares se han convocado unas elecciones anticipadas) no hayan manifestado su parecer en las urnas me sigue chocando, ustedes perdonen. Siempre, repito siempre, hay una alternativa mejor que la abstención. Sigo.

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Que el monte lo limpie Mariano

Cuando en septiembre de 2008, ya con la crisis económica subiéndose a nuestras barbas, me marché a Madrid para intentar dar un paso adelante con mi carrera e intentar forjarme un futuro profesional pensé que no iba a ser nada sencillo, que nadie me iba a regalar absolutamente nada y que debería luchar, todavía con más ímpetu del que había utilizado hasta la fecha, para lograr mis metas. Experiencias personales a parte, crecí profesionalmente hasta un punto que mi mundo me dejó con la miel en los labios, visto obligado a retroceder y regresar a mi ciudad natal para volver a empezar, situado un poco más lejos en el camino que dejé, cuando el calendario señalaba junio de 2010.

Dos años más tarde de mi regreso, vuelvo a ubicarme en las primeras casillas del tablero afrontando una vez más un reinicio que, hace cuatro años, creí haber dejado atrás. La situación actual complica el volver a empezar, la famosa “reinvención” de la que hablan los políticos de este país que, paradójicamente, siguen anclados en una gestión retrógrada, sin ápice de cambio, encajados en unas políticas sociales inexistentes y en la facilidad del decretazo para echar por tierra todos los derechos laborales, sociales y humanos por los que mis padres, mis abuelos, mis antepasados, nuestros antepasados, han luchado durante siglos, vaciándose de sangre, sudor y lágrimas para forjar un futuro, ya no digamos mejor, digamos digno.

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