Escupiendo piedras en el mar

Hace semanas que me siento bloquedado. Me muero de ganas de ponerme a escribir de cualquier tema, pero entre la falta de tiempo y esta anestesia creativa soy incapaz de juntar cuatro palabras con algo de coherencia. Pero tengo cosas que decir, así que permítanme escupirlas así, como quien tira piedras al mar sólo por romper la monotonía del manto de agua salada.

Maruja Torres ha dejado de escribir en El País, y esto para mí es otra bofetada con la mano abierta al periodismo y a la libertad de prensa. Ya no podré perdonarla porque no se levante cada domingo. Otra voz clara que distorsionan con cobardía, aunque afortunadamente y gracias a las variopintas ventanas que ofrece la comunicación actual la veremos asomarse muy pronto con su afilada pluma por algún otro lugar. Por el momento, aquí.

– Excelso Di Caprio, otra vez, en El gran Gatsby. Daisy es más puta aún en la novela de Fitgerald que en la adaptación de Luhrmann, pero ¡ay!, esa voz (en VOS). Carey Mulligan, con los ojos cerrados, es un auténtico placer.

– Hay un sector de la afición del Real Madrid que se está retratando como amebas sin personalidad, veletas dueñas de los soplidos de una prensa deportiva que cada vez da más vergüenza ajena. Mourinho lleva meándose en la boca de la historia de este club desde que llegó y algunos se dan cuenta ahora. Otros ni siquiera ahora se han percatado. Afortunadamente se cierra una etapa con más heridas que alegrías.

Y una foto:

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Y si eres de los que ha notado mi ausencia, siento la demora.

El espíritu equivocado

El espíritu Juanito, sólo presente en la grada. EFE / Alberto Martín.

Apuntaba a noche épica en el Santiago Bernabéu pero ésta se marchó hacia las nubes de Madrid con el penalti que Sergio Ramos erró, pero para llegar a esto se combinaron un múltiplo de factores que provocaron el desenlace que hizo saltar la banca en las casas de apuestas. El Bayern de Múnich, otro justo finalista, sesgó el sueño de la Décima y de paso aleccionó a toda aquella legión de tribuneros y forofos que en septiembre colocaban a Barça y Madrid en la final que se jugará en el Allianz Arena, sin su presencia.

El madridismo convocó el espíritu de Juanito, el de las noches de gloria y de remontadas en el feudo blanco. Arengó a los suyos y respondió a las peticiones de jugadores y técnicos, que demandaron un ambiente hostil para el rival; electrizante y motivador para el local. Pero fue el equipo y el propio Mourinho quienes se olvidaron del significado de la noche y explotaron el nombre del andaluz en vano. Los 90 minutos fueron largos en el Bernabéu sí, pero no para beneficio propio sino en detrimento de su fe. Al Madrid le sobraron 70 (más la prórroga y los consiguientes penaltis), y lanzó por la borda toda invocación, sólo existente en la grada.

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