Papel de váter

Papel de váter

Resulta que el ser humano está hecho de una pasta tan peculiar que es selectivo hasta con el decoro de su propio cuerpo. Véase el ejemplo: el ser humano es capaz de restregarse hasta la saciedad con otro individuo totalmente desconocido minutos previos a la fricción compulsiva e intercambiar diversos fluidos corporales; pero sin embargo cuando de defecar se trata la situación se complica. El dónde y el cómo adquieren una importancia desmesurada en relación a otras ecuaciones de la vida cotidiana.

Y resulta llamativo identificar cómo esta incógnita, que según la circunstancia nos puede llevar de la calma a la desesperación, en muchas ocasiones se resuelve con un simple rollo de papel de váter. Sí amigos, somos partícipes de un mobbing personal de tremendas dimensiones hacia con nuestra boca (porque todo lo que no mata, engorda) pero le tenemos un pánico inaudito al plástico y a la cerámica de los inodoros, en lo que a nuestro trasero le incumbe. Cuatro papeles estratégicamente colocados y le damos rienda suelta a nuestro esfínter.

Esta reflexión es gratis, os la regalo. Pero me sirve para introducir el tema del que verdaderamente quiero hablar; que no es otra cosa que de la infección que sufre España por esa bacteria llamada corrupción que no va a desaparecer por mucho que sus transmisores se empeñen en ocultarla bajo trozos de papel de váter, véase auditorías inútiles, ruedas de prensa escurridizas o amenazas ocultas contra el que quiere desvelar la verdad.

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Que el monte lo limpie Mariano

Cuando en septiembre de 2008, ya con la crisis económica subiéndose a nuestras barbas, me marché a Madrid para intentar dar un paso adelante con mi carrera e intentar forjarme un futuro profesional pensé que no iba a ser nada sencillo, que nadie me iba a regalar absolutamente nada y que debería luchar, todavía con más ímpetu del que había utilizado hasta la fecha, para lograr mis metas. Experiencias personales a parte, crecí profesionalmente hasta un punto que mi mundo me dejó con la miel en los labios, visto obligado a retroceder y regresar a mi ciudad natal para volver a empezar, situado un poco más lejos en el camino que dejé, cuando el calendario señalaba junio de 2010.

Dos años más tarde de mi regreso, vuelvo a ubicarme en las primeras casillas del tablero afrontando una vez más un reinicio que, hace cuatro años, creí haber dejado atrás. La situación actual complica el volver a empezar, la famosa “reinvención” de la que hablan los políticos de este país que, paradójicamente, siguen anclados en una gestión retrógrada, sin ápice de cambio, encajados en unas políticas sociales inexistentes y en la facilidad del decretazo para echar por tierra todos los derechos laborales, sociales y humanos por los que mis padres, mis abuelos, mis antepasados, nuestros antepasados, han luchado durante siglos, vaciándose de sangre, sudor y lágrimas para forjar un futuro, ya no digamos mejor, digamos digno.

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