Una experiencia más, una oportunidad menos: un impulso añadido

En las últimas tres semanas, habré dormido una media de cuatro horas diarias. Sin embargo, ha valido la pena. El Mundial de natación de Barcelona ha supuesto una gran experiencia, tanto a nivel profesional como personal. Son muchas las imágenes que recopilo y que guardaré para el recuerdo; algunas se han emitido por televisión, de otras he sido espectador de lujo junto a otros pocos.

Esta pequeña aventura comenzó en noviembre del 2012, cuando decidí apuntarme para optar a ser uno de los más de 2.500 voluntarios que hemos sido partícipes en esta competición. Mi intención para entonces se basaba únicamente en poder vivir el Mundial in situ. Después de estas semanas he comprobado que esa decisión me iba a comportar muchas más cosas.

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Cedan el paso, por favor

La situación trascurre una plácida tarde de verano para los subsaharianos, tórrida donde las haya para los protagonistas, que para evitar deshidratarse por completo por las desérticas (de autóctonos) calles de Barcelona consideraron una buena práctica sumergirse en las aguas de una piscina, de agua pocha, todo sea dicho.

En esta discoteca para hongos, existen cuatro normas sencillas y muy básicas. El usuario debe acicalarse para la ocasión con un bañador, traje de baño, bikini, trikini y las posibles variedades que un servidor desconoce; no debe llevar calzado de calle (allá él o ella si quiere ir descalzo); es de obligado cumplimiento una ducha previa antes de la inmersión, y por último debe asegurarse de hacer uso de las instalaciones de la manera más cívica posible, respetando el código de circulación existente en este tipo de instalaciones lúdico-deportivas y sin entorpecer al resto de usuarios.

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Las últimas brazadas de Michael Phelps

En el ecuador de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 se puso punto y final a las pruebas de natación en línea, ofreciendo relevo del foco de atención al tartán del Estadio Olímpico. Para muchos, con el Atletismo comienzan los verdaderos JJOO, pero la competición bajo el agua ha dejado momentos pletóricos, dos medallas para la delegación española y un nombre propio que ha vuelto a destacar por encima del resto.

Michael Phelps cuelga el bañador tras cuatro Juegos Olímpicos y 22 medallas, coronándose como el deportista con más preseas olímpicas de la historia del deporte. 18 de ellas de oro, 2 de plata y 2 de bronce. A esto se le suman los récords conseguidos, la hegemonía en pruebas como los 200m estilos y los 100m mariposa y su infinita ambición por ser el mejor pez-humano que hayan visto unas piscinas.

Del fantástico concurso del ‘Tiburón’ de Baltimore en Londres, me quedo con las siguientes actuaciones:
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