Papel de váter

Papel de váter

Resulta que el ser humano está hecho de una pasta tan peculiar que es selectivo hasta con el decoro de su propio cuerpo. Véase el ejemplo: el ser humano es capaz de restregarse hasta la saciedad con otro individuo totalmente desconocido minutos previos a la fricción compulsiva e intercambiar diversos fluidos corporales; pero sin embargo cuando de defecar se trata la situación se complica. El dónde y el cómo adquieren una importancia desmesurada en relación a otras ecuaciones de la vida cotidiana.

Y resulta llamativo identificar cómo esta incógnita, que según la circunstancia nos puede llevar de la calma a la desesperación, en muchas ocasiones se resuelve con un simple rollo de papel de váter. Sí amigos, somos partícipes de un mobbing personal de tremendas dimensiones hacia con nuestra boca (porque todo lo que no mata, engorda) pero le tenemos un pánico inaudito al plástico y a la cerámica de los inodoros, en lo que a nuestro trasero le incumbe. Cuatro papeles estratégicamente colocados y le damos rienda suelta a nuestro esfínter.

Esta reflexión es gratis, os la regalo. Pero me sirve para introducir el tema del que verdaderamente quiero hablar; que no es otra cosa que de la infección que sufre España por esa bacteria llamada corrupción que no va a desaparecer por mucho que sus transmisores se empeñen en ocultarla bajo trozos de papel de váter, véase auditorías inútiles, ruedas de prensa escurridizas o amenazas ocultas contra el que quiere desvelar la verdad.

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Me preocupa Catalunya

A pocos días de las elecciones al Parlament de Catalunya, tengo la sensación de que los principales candidatos todavía tienen mucho que decir pero que no lo dirán, que en esta campaña hay muchas cosas de las que no se habla y que es lo que más preocupa y afecta a los ciudadanos de esta mi Comunidad. En efecto, como dice Artur Mas, “el pueblo habló el pasado 11 de septiembre con una manifestación multitudinaria” pero su error es cobijarse en el mensaje de ese día para tapar otras tantas voces, tan o más multitudinarias que las primeras, a las que parece no dar tanta importancia. La sonata independentista suena más alto que nunca y el President se ha subido a la cresta de la ola en plan suicida, o todo o nada, antes de caer vapuleado de su escaño por el propio peso de las políticas antisociales que ha llevado a cabo en los dos últimos años.

Me preocupa lo lejos que están los principales candidatos a presidir Catalunya en los próximos cuatro años de los ciudadanos, por mucho que se empeñen en argumentar que es el pueblo el que manda y el que decide. Me preocupa que el futuro de Catalunya para los próximos cuatro años, que será la estela del período más complicado y convulso de las últimas décadas, se centre en discursos partidistas sobre la identidad del pueblo catalán, algo que no es nuevo del pasado 11 de septiembre sino que tiene siglos de historia, con sus escasas victorias y sus muchas derrotas, pero que siempre ha tenido la secuela del enfrentamiento y la enorme capacidad de desviar la atención de los verdaderos problemas de la calle.

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