El espíritu equivocado

El espíritu Juanito, sólo presente en la grada. EFE / Alberto Martín.

Apuntaba a noche épica en el Santiago Bernabéu pero ésta se marchó hacia las nubes de Madrid con el penalti que Sergio Ramos erró, pero para llegar a esto se combinaron un múltiplo de factores que provocaron el desenlace que hizo saltar la banca en las casas de apuestas. El Bayern de Múnich, otro justo finalista, sesgó el sueño de la Décima y de paso aleccionó a toda aquella legión de tribuneros y forofos que en septiembre colocaban a Barça y Madrid en la final que se jugará en el Allianz Arena, sin su presencia.

El madridismo convocó el espíritu de Juanito, el de las noches de gloria y de remontadas en el feudo blanco. Arengó a los suyos y respondió a las peticiones de jugadores y técnicos, que demandaron un ambiente hostil para el rival; electrizante y motivador para el local. Pero fue el equipo y el propio Mourinho quienes se olvidaron del significado de la noche y explotaron el nombre del andaluz en vano. Los 90 minutos fueron largos en el Bernabéu sí, pero no para beneficio propio sino en detrimento de su fe. Al Madrid le sobraron 70 (más la prórroga y los consiguientes penaltis), y lanzó por la borda toda invocación, sólo existente en la grada.

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Siendo justos con el fútbol

El Chelsea, justo finalista de la UEFA Champions League 2012. EFE / Andreu Dalmau.

Se dice, se cuenta, se rumorea, que el fútbol le ha dado la espalda al Barça. Que a pesar de los esfuerzos del equipo azulgrana de engrandecer este deporte elevándolo a la categoría de arte no estará en la final de Múnich donde sí viajará un equipo que nada quiso saber del balón, que se limitó a defender y a golpear en las escasas opciones de las que gozaron. No son pocos, pues, los que califican la eliminación del Barça como una injusticia futbolística, pero lo cierto es que a lo que jugó el Chelsea también es fútbol y que su mérito es tan o más elogiable que lo que su rival consiguió a pesar de caer. Siendo justos con el fútbol y sus inventores, hay que reconocer que el equipo de Di Matteo está en la final de la Liga de Campeones por méritos propios.

Debido al pequeño revuelo que se originó tras un comentario que publiqué en Facebook, en el que aseguraba que los de Guardiola merecieron estar en Múnich por “fútbol, por ocasiones y por ser el mejor en 180 minutos”, escribo estas líneas para matizar cuatro ideas y alimentar el debate, que me parece sano, instructivo e interesante.

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